sábado, 31 de marzo de 2012

Tan solo una despedida

Lo vacío que se siente escribir al intentar encontrar la felicidad en esto.
A veces olvido por qué es que escribo, y otras veces me llega a la mente como un cohete a la luna, así de frecuente, alguna idea, algún sentimiento, algún acontecimiento que se pueda plasmar en forma de metáfora escrita y así para poder desahogarme o entretenerme.

Iba caminando por la calle, después de tener una confusa conversación con mi novia, cuando de repente, un sentimiento tan desconocido como el fondo del mar se recostaba sobre mi pensamiento, tan extraño, que mis ganas por conocerlo no le permitían a mi razón reflexionar acerca de algo más... Comencé a sentirme mal, mi cabeza me dolía, sentía que mi corazón palpitaba de una manera inusual. Fue entonces cuando recordé aquellas palabras y silencios de ella, la manera en que actuaba, yo tan cariñoso, ella tan "alejate", yo tan "te amo", ella tan "yo también", yo tan "¿Te pasa algo malo?", ella tan "Nahh, no es nada". Algo frío se encontraba en ella, algo así como tristeza y temor, pero nada de amor.

Eran como las nueve de la noche, había frío, la luna llena alumbraba toda la calle del arco de una manera tan romántica y melancólica a la vez, las calles vacías y frías dejaban ver el perfecto contraste de azul y negro que formaban las sombras y la luz de la luna, iba yo en busca de una tienda abierta para comprar unos cigarros, necesitaba ya la nicotina, después de unos cuantos meses de no fumar, algo hizo que despertaran mis ganas por volverme a "relajar" fumando, el hecho de que no me sentía así de solo en ese momento, como era antes de que comenzáramos a ser novios tal vez, no sé, lo único que quería eran unos putos cigarros y lograr reflexionar acerca de qué significaban aquellos silencios, aquellas palabras, aquellos gestos tan fríos. Llegué a la tienda, pedí dos cigarros, una cajetilla fósforos y un jugo de mango, me senté en la acera frente a la tienda, encendí el primer cigarro, el humo pasando por mi garganta, llegando a los pulmones, la nicotina haciendo efecto, luego de tanto tiempo sin fumar, ese primer jalón se sintió como un trago de agua en un desierto, en fin, el cigarro se consumía y yo pensando, "¿Habré hecho algo mal?, ¿Habré actuado como idiota durante todo el día y no me di cuenta?, no importa, mañana le preguntaré", terminé mi cigarro, y comencé a tomarme mi jugo de mango mientras caminaba hacia mi casa que quedaba a unas cuantas cuadras de donde me encontraba, llegando a mi casa, antes de abrir la puerta me pregunté "¿Y el otro cigarro? ¿Lo habré dejado tirado?, seré de idiota" entré a mi casa y me dormí esperando poder tener respuestas al día siguiente, sin imaginarme lo que estaba por pasar dentro de unas horas.

Amaneció, desperté gracias al sonido de los malditos perros de la vecindad que tienen la puta costumbre de ladrar todos los días aproximadamente a las seis la mañana como que por ganas de chingar y ya, salí de la cama y el frío del piso ayudó a despertarme, llegué a la cocina, puse la cafetera y en lo que estaba listo el café, me metí a bañar, como cosa extraña no cayó agua caliente, al parecer el calentador decidió chingarse ese preciso día que no había comenzado bien, no había de otra que hacerle huevos y bañarse así, salí de bañarme esperando que el café hubiera salido bueno, lastimosamente estaba cagado, sabia algo así como a agua de calcetín, una mierda de café, me lavé los dientes y salí de la casa esperando poder hablar con mi novia para poder hablar del por qué de todo lo que había pasado el día anterior, o si era nada más yo el que lo había malinterpretado todo.

Caminando por la calle, ya un poco cerca del restaurante a lo lejos se miraba una gran agrupación de gente, al parecer estaban observando algo, muy curiosos, los que pasaban cerca llegaban a intentar ver que era lo que estaba pasando, así que decidí ir a ver yo también al parecer habían atropellado a una persona, muy extraño, "eso no suele pasar en la Antigua" pensé, y seguí caminando hacia el restaurante. Habíamos quedado de juntarnos en un restaurante a las ocho y media para desayunar juntos, como de costumbre llegué un poco más temprano, para esperarla en vez de hacerla esperar. Eran las ocho y veinte cuando estaba yo en el restaurante, pensando la manera en la que le podía preguntar por qué estaba así el día anterior sin ofenderla o hacerla sentir mal, llegó la hora en que ella se suponía y tenia que llegar, pero ella no estaba ahí, pasaron quince minutos y ni si quiera un mensaje diciendo "ya voy, me atrasé unos minutos" o algo por el estilo, pasó una hora y me extrañó que no hubiera llegado ya, ella no había faltado ni llegado tarde en ninguna ocasión en la que quedáramos de juntarnos, así que decidí ir hacia su casa, pensé que tal vez ni siquiera había despertado porque olvidó poner el despertador o algo por el estilo, esas cosas que suelen pasar.

Caminaba por la calle, el ambiente estaba fresco, habían unas cuantas personas corriendo con ropa deportiva por las calles, pasaban mujeres vestidas con ropa típica vendiendo pulseras y demás cosas, todo muy tranquilo, llegué a su casa, toqué el timbré, su madre contestó y preguntó quién era, le respondí: "Soy Andrés, vengo a buscar a Melissa"  ella me dijo que Melissa había salido a las ocho en punto a desayunar conmigo, me mencionó también que había estado llorando en la noche y me preguntó si sabía pasado algo, y le respondí que no un poco extrañado y confuso, me despedí, pensé "ella está ahí adentro y no quiere hablar conmigo, está bien, le daré tiempo y espacio para que se tranquilice y podamos hablar", como tenía ya pagados los desayunos en el restaurante decidí regresar y desayunar aunque sea solo, caminando de regreso al restaurante pasando por la zona en la que habían atropellado a la persona, un paramédico se acerco a mí y me dijo "¿Vos conocés a esta mujer, a la que atropellaron?" en ese momento sentí como si todo se hubiese caído, un paralizante escalofrío se apoderó de mi espalda y todo mi cuerpo, las piernas y los brazos me temblaban, me comencé a sentir muy débil; el paramédico me enseño la licencia de mi novia, "Es ella" le dije mientras una fría y rota lágrima rodaba por mi mejilla, al mismo tiempo le dije, "¿Cómo sabe que yo la conozco?" me dijo que lo acompañara, me llevó a la ambulancia donde había una caja, al parecer de mi novia, con muchos papeles una foto mía con mi nombre escrito en la parte de atrás que le había enviado ya hace mucho tiempo, además había una carta con la fecha de ese día en el que ese fatal evento ocurrió, el paramédico me dejó solo para que la leyera.

Terminé de leer la carta y no pude contener mi llanto, mi novia me iba a dejar ese mismo día, en la carta ella escribió:
"Andrés, una de las personas más especiales con la que he convivido grandes momentos en mi vida, te escribí esta carta y la dejé en el restaurante porque no creo tener las fuerzas para poder hacer esto en persona, te amo mucho y no quiero que sufras nada por mi culpa y puedas disfrutar tu vida, hace un tiempo me diagnosticaron una enfermedad que no me permitirá vivir 3 años más, como tu eres una gran persona y te amo tanto no puedo continuar contigo, no se si me seguirías amando a pesar de esta enfermedad, nadie quiere amar a alguien que es imperfecto, nadie quiere amar a alguien que está enfermo, te amo con todo mi corazón, no te imaginas, cada momento que paso junto a ti vale más que cualquier cosa en este planeta, cada abrazo que te doy me da tanta seguridad, cada beso, cada verso, cada mirada, cada poema que hemos compartido, todo ha valido demasiado, y por eso es que quiero que sepas que no he amado a nadie tanto como a ti en esta vida, fuiste la primera persona que amé y serás la ultima, es por eso que ayer estaba así, estaba triste porque no te podría volver a ver otra vez, por eso me porté así, no sabía que hacer, por eso hoy te entrego todas las cartas que me enviaste, todos los regalos y fotos que me diste, todo te lo regreso, no lo necesito hacia donde voy, te recordaré toda la vida, e incluso el día de mi muerte, estarás en mi pensamiento, cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo, aunque nunca te logre olvidar, espero y tu si puedas y conozcas a alguien sin problemas y te haga feliz.
Te amo.
Att: Melissa."

Terminé de leer la carta, mis ojos no paraban de soltar frías lágrimas, mi garganta hecha un nudo, mi corazón hecho polvo, mis ganas de vivir en cero, regresé a mi casa corriendo para poder llorar tranquilo y solo, al llegar había una nota que decía: "Todo está bien aquí en el otro mundo... ya no te preocupes por mí."

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